martes, 30 de mayo de 2017

¿Es inútil sublevarse?

Foucault se pregunta en ¿Es inútil sublevarse? cómo un pueblo entero grita cual un copista medieval que se rehúsa a continuar transcribiendo “hasta acá” y se arroja de cara al poder que estima injusto a riesgo de muerte contra la certeza de la obediencia. Cuál es el valor de la protesta social, cuál su déficit adopta la forma de categorías comerciales capitalísticas, amalgama la queja infantilizada, la dependencia berreante o el reclamo caprichoso propio de la cesión del poder de quienes creen en el dios Estado. No es posible hablar de la protesta sino de protestas singulares cuyos efectos -imperceptibles e inmensurables- vibran como chance de darle forma a lo que hostiliza todo lo vital; cómos que cuestionan el autoritarismo y los microfascismos del show de la política de lo aceptable que entrega una imagen reconciliada del acatamiento. El hecho de que protestar sea un derecho, que la participación política no sea mucho más que seleccionar un muffin, un cupacake o una madalena, que los negocios pongan a disposición de sus consumidores de bienes políticos un libro de quejas habla volúmenes de lo que Ted Kazinsky llamó el truco mas ingenioso del sistema: reciclar el excedente angustioso e impulsivo de sublevarse creado por este sistema y ofrecer una canalización productiva y funcional del bien dispuesta en la góndola de los deseos de rebeldía en el supermercado del activismo.
Sin embargo, protestar cada vez que alguien impide una detención, asiste en la interrupción de un proceso biológico penado por ley, contesta una hegemonía y vincula los cuerpos que la sociedad aísla como parte de su ingeniería social de buena conciencia expresada en máximas atávicas del tipo hacer lo correcto, aportar el granito de arena y demás formas aberrantes del artivismo intelectualoide doxográfico carente de talento para sublevarse o distinguirse.
Entonces, huelga humana, huir de las soberanías sometidas en cuyo corazón habita ansioso el sujeto en su sentido anfibológico de las democracias excesivamente pacíficas y cívicas. Protesta como la capacidad de presentificar la complicidad del oprimido que dota de fuerza al opresor; o género literario donde se conoce, como Eugene Debbs, que mientras haya un elemento criminal se deberá estar hecho de él. Sin causas justas o injustas, solo momentos de desagregamiento de la mitología imperial del progreso que deben arrebatarse aunque se sepa que el oprimido está hecho, al decir de Cioran, de la misma carne de sus opresores.


No hay comentarios:

Publicar un comentario